Siguiendo tradiciones ancestrales, es decir, las de mi madre de toda la vida, el puente ha servido para decorar la casa con motivos navideños. Y este año ha sido muy especial, porque tenemos muchos más rincones para llenar de espumillón. Sonaban villancicos en la voz de Frank Sinatra, y alguna lágrima quiso salir recordando al que no está.
Más tarde fuimos de excursión al Aeropuerto de Barajas, a llevar a mi hermana viajera a coger su vuelo. La enana, como siempre, objetivo de fotos para los turistas. Me estoy planteando llevarla este año a la Plaza Mayor y sacarnos un aguinaldo. No se si serán sus coletas o la cara llena de burriagas, pero llama la atención que es un primor.
Y el resto del fin de semana recuperando fuerzas, poniendo taladros y dando forma poquito a poco al nuevo hogar.
Mis cicatrices agradecen el descanso, y mis lolas también. A ver si mi doctora se ha incorporado al mundo laboral o sigue de huelga, y sabré si mi baja laboral continúa.
Ya os dejo. Saboread bien el domingo, que el lunes espera impaciente para ponernos en marcha de nuevo.
Os leo!