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Acerca de adioslolasadios

46 años en la actualidad, 33 cuando enfermé, madre de dos hijas, talaverana de nacimiento, madrileña "de las afueras" de adopción. He pasado por una oposición, dos divorcios, un accidente de tráfico, un cáncer bilateral de mama con 33 años , 8 sesiones de quimio, 33 de radio, una lipoestructura, que no lipoescultura, saber que tengo un gen pocho que me hacer ser paciente de alto riesgo, quitarme los ovarios y su menopausia prematura, unas cuantas biopsias, y en el 2011, una mastectomía bilateral y su posterior reconstrucción. Convivo con alguna secuela y me encanta sonreir. Vamos, que ya era hora que me desahogara, ¿que no?

Día mundial del cáncer de mama 2020

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Día mundial del cáncer de mama 2020

No, no me he olvidado de vosotros/as, claro que no, pero ya sabéis que si no tengo nada interesante que contar, calladita estoy más mona, aunque os sigo de cerca a través de Facebook Adiós Lolas Adiós y de la cuenta de Instagram @elclubdelassupervivientes.

Como ya es tradición, vengo a enseñaros distintas campañas para “aprovechar” el día mundial del Cáncer de Mama colaborando con nuestras compras. Muchos poquitos hacen un mucho, y, aunque a veces nos parezca poca cosa, merece la pena aportar granos de arena a esa playa de tratamientos e investigación tan necesaria para seguir avanzando en los diagnósticos.

¡Vamos a ello!

C&A. 1 de cada 8.

Mi granito de arena 😉

Encantada de colaborar este año con C&A en esta campaña de prevención.

Ya sabéis que soy muy muy muy pesada con acudir al ginecólogo/a, con no retrasar las revisiones rutinarias, con no dejar para más tarde ese bultito raro que nos hemos palpado en una lola….De primera mano os digo que prevenir es, a veces, fundamental para un diagnóstico temprano.

La campaña está basada en la opinión de cuatro oncólogos/as y cuatro supervivientes de cáncer, con frases motivadoras que podéis encontrar en unas etiquetas monísimas, enormes y rosas, y, además, han donado 68.000 euros a la AECC para un proyecto que investiga nuevas terapias contra el cáncer de mama HER2+.

Si tenéis que renovar el armario (que no se vosotras/os, pero con eso de pasar el invierno pasado confinada yo lo tenía vacío), quizá estaría bien hacerlo en C&A sabiendo que algunos granitos de arena irán a parar a la AECC para investigación.

MANGO. Together for a good cause

Todos los años Mango colabora con la Fundación FERO con una colección solidaria. Este año es una camiseta básica con mensaje y, lo más importante, el 100% de sus 15,99€ van a la Fundación.

ESTÉE LAUDER. Pink Perfection Lip Kit

Como cada año, Estée Lauder colabora con la AECC donando el 100% de la venta. Este año ha preparado un kit con labiales y un cuqui-bolso ideales para presumir de tu colaboración. 50 euros muy bien aprovechados.

MULTIÓPTICAS. Mò Rose

Ya tenemos el outfit con pantalón de C&A, camiseta de Mango, el labial y el bolso de Estée Lauder….sólo nos faltan las gafas de sol. Y llega Multiópticas donando el 100% de su modelo Mò Rose. Un pack con cordón incluido por 45 euros. (No os enamoréis de la gamuza para limpiarlas, que ya lo he hecho yo).

Hay muchas más campañas, yo os muestro las que más me gustan, fundamentalmente porque donan el 100%.

Os dejo ya para que empecéis a pinchar enlaces y a comprar detalles, esperando celebrar con vosotras/os otro 19 de octubre.

¡Os leo!

NO ME COMPARES

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NO ME COMPARES

Hola de nuevo. ¡Que alegría volver a escribiros!

Desescalando hacia esta “nueva normalidad” impuesta por el Coronavirus, quería trasladaros mis conclusiones de sábado por la mañana, después de recibir de mi sister una canción-mensaje que me ha hecho llorar.

Mirad:

Este señor tan majete y sonriente es Pau Donés cuando anunció que tenía cáncer. Jarabe de Palo forma parte de la banda sonora de mi vida, desde la Flaca a Bonito, pasando por Cómo quieres ser mi amiga, todas están en mi lista de Amazon Music , la mía, esa que me hace cantar a gritos en el coche, o llorar, o bailar como si nadie me viera.

Y este señor tan majete, sonriente, y con otro brillo en los ojos sigue siendo Pau Donés cinco años después.

Después de secarme las lágrimas, terminar el café y reflexionar al sol, me he dado cuenta de cuántas veces caigo en infravalorarme. Me explico.

Mi edad real no es igual que la edad real en alguien que no ha pasado por un hospital de día, que no ha gastado horas enganchada/o a un gotero, que no ha tenido que ingresar por una bajada de defensas peligrosa, que no ha vomitado tanto que temía haberse roto las cuerdas vocales por la ronquera posterior, que tenía que coger cada noche el rollo de carne de la tripa para pincharse llorando por la impotencia, que no era capaz de subir cinco (cinco, sí) escalones seguidos sin notar que las piernas eran fuego, que no podía hacer la cama del tirón, y tenía que sentarse en cada esquinita como el ángel de la guarda.

Mis 46 llevan a las espaldas 8 sesiones de quimio para luchar contra un triple negativo en estadio III que venía pidiendo paso, 33 sesiones de radioterapia que invadieron pulmón y corazón porque el pecho ya estaba muy tocado, 10 quirófanos en cuatro años para quitar-reconstruir-volver a retocar-crear pezones-parir-quitar ovarios-quitar vesícula y cualquier otro resto del veneno que consiguió salvarme.

Mis años no son los 46 de otra mujer que, por suerte, no ha tenido tratamientos agresivos, ni problemas mentales por ver que su familia enfermaba casi a la vez y perdía al jefe. Ni un pecho marcado por cicatrices que, cada vez que te miras al espejo, te recuerdan que tu pecho real ya no existe, que tienes la espalda abierta de lado a lado, que vas a tener que mimar tus brazos toda tu vida si no quieres tener que luchar contra un linfedema, que hay un neuroma que, cada vez que quiere, te deja doblada por la espalda todo un fin de semana, que ya no puedes nadar, tu pasión, que hacer deporte es el doble de duro para ti, que tu cuerpo tiene un exceso de kilos que jamás se irán porque no dejaste que se recupera tras el parto, ya que corría mucha prisa quitarse los ovarios, porque eres alto riesgo y vives contra reloj.

Y tras macerar todo ésto en barrica de roble un ratito, he querido que mi autoestima, que últimamente está por las nubes, te hable al oído.

Estefanía (estefanías y estefaníos que habéis pasado por todo ésto):

Nadie con tu edad tiene tu capacidad de resiliencia, el brillo en los ojos que da el saber que cada día es un regalo, la tranquilidad de tener bien hecho el trabajo y que lo tenga que pasar te cogerá llena/o de recuerdos pegados con Loctite, que las arrugas que tienes de más en una piel machacada por los tratamientos te hacen ser mucho más interesante al sonreír, que los kilos de más o de menos no son porque no te cuides, quizá todo lo contrario, y que aprender a quererte así ha sido tu trabajo más difícil y más gratificante.

No dejes que NADIE te haga sentir inferior porque tu físico está machacado, no todo el mundo es capaz de superar lo que tú has superado. Pero, sobre todo, no dejes que tú misma/o seas quien se castigue frente al espejo. Quiérete mucho, te has convertido en tu mejor versión.

Y ahora, os dejo la canción que me ha hecho llorar esta mañana, pero con lágrimas bonitas, pensando en toda la gente a la que se la puedo dedicar, que es mucha, y poniéndola en bucle para aprenderme la letra y cantarla a voz en grito todos los días. Escucha despacito, entendiendo el mensaje tan positivo que Pau nos da. Todo un ejemplo a seguir.

Gracias, sister, por hacer tan dulce mi mañana de sábado.

¡Os leo!

Aprendiendo a comer

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Hola de nuevo.

Os dejo un texto que tenía por ahí.

¡Os leo!

Desde que cumplí los 20, vivo a dieta.

He probado todas las posibles: disociada, sin disociar, con pollo, con melocotón, solo piña, solo aire, con la fruta previa a la comida, con la fruta después de la comida, con proteínas, con hidratos, con nombres suecos, de tres comidas, de siete comidas, de enfermeros, de médicos, de gurús, de influencers, líquida, sólida, pagando, sin pagar, rápidas, eternas…y desde la llegada de internet, la locura extrema: batidos, cafés mágicos, cacaos extremos…

Siempre he conseguido bajar de peso, con mucho esfuerzo y cara de acelga la mayoría de las veces -somos lo que comemos-, pero jamás he conseguido mantenerme una vez abandonada la restricción.

Efecto yo-yo lo llaman, efecto paraquetantoesfuerzosivuelvoaserunaVacaburraEncuantolodejo lo llamo yo.

He aprendido a conocerme, a convivir con mi barriga colgandera, a comprar bragas fajas, a huir de lo ceñido como de la peste, a camuflarme detrás del oversize -música para mis oídos-, pero eso jamás significará que me acepte del todo, seamos sinceras.

¿Me gusto? -Sí, y mucho.

¿Me gustaría mas con unos kilos menos? – Seguramente sí.

Me encantaría entrar en mil tiendas que tengo vetadas por no disponer de la XL, me encantaría ponerme un mono sin tener que cubrir mi barriga con un lazo enorme para no aguantar a mil indiscretos/as preguntando por mi embarazo, me encantaría cambiar de estilo.

Una cosa no quita la otra, pero, por fin, tras años de caraacelga, he llegado a conocerme tanto, que no ha habido manera de mentirme: Estefanía, hija, ¿pero tú comes bien?.

Porque, señores, pongamos las cartas sobre la mesa y las palmas hacia arriba: el aire no engorda, engordamos nosotras si comemos mal.

Cada donut nocturno pasa factura, cada plato de spaguetti carbonara rebosando nata pasa factura, cada croquetita de la mamma rebosante de aceite -uy, perdón, aove, que me salgo de la influencia- pasa factura.

Por todo esto, amiguitos/as, puedo daros por fin el secreto de la talla menos: COMER BIEN.

Aquello de la dieta mediterránea lo hemos ido aplicando como nos ha venido bien, y se nos han quedado en tierra muchas verduras, muchas frutas, la poca carne y el mucho pescadito. Por no hablar de las horas entre sol y sol sin parar de trabajar en el campo, que hemos cambiado por unas cuantas delante de las pantallas, mas otras cuantas apoltronados en el sofá para descansar de las anteriores.

Y no lo hemos inventado nosotros, sino nuestros abuelos y abuelas, aunque le ponemos nombre anglosajón, REALFOODER, y lo acuñamos como nuestro. ¡Ole nosotros!

Adiós a los bollitos envasados que nos salvan las meriendas colegiales, adiós a los postres lácteos llenos de azúcares y grasas. Volvamos al bocata de pan con chorizo de nuestra época EGB, al potaje, a tener en la nevera a rebosar los cajones de verdura y vacío el congelador de ultraprocesados.

Quizá, solo quizá, la talla menos que conservo desde el verano no sea un espejismo, sino reflejo de esa despensa llena de tomates con restos de tierra que me he traído del pueblo.