Regalos solidarios 2017

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Bienvenidos/as a nuestra cita anual de compras solidarias y cuquis, que hay que empezar a escribir cartas y se nos echa el tiempo encima.

 

NACIDA PARA LUCHAR

Este año empezamos con una camiseta espectacular por fuera (es evidente), pero más aún por dentro, llena de sonrisas sin pelo.

Os dejo el enlace directo y os cuento. Se unen la Fundación Aladina, de la que soy fan absoluta (y embajadora) con El Club de las Malasmadres (igual o más fanática de Laura y su manera de entender la maternidad). Y crean esta camiseta solidaria de la que el 100% se dedica a la Fundación y su maravillosa tarea. Pocas camisetas llenarán los armarios de vuestros “buenoshijos” de tanta solidaridad.


PARA ELLOS

Este año les vamos a dedicar también a ellos un regalo solidario con el cáncer de mama. Porque acompañan, porque son refugio en la tempestad, porque nos ayudan pero, sobre todo, porque ellos también pueden enfermar, también pueden ser un ejemplo de lucha y también pueden estar cruzados por cicatrices.


CALCETINES CON MENSAJE

Imaginaté en el hospital de día, ya llevas un par de horas y te aprietan los zapatos. Sin ninguna vergüenza te los quitas, y…ta-chán. Aparecen estos calcetines con mensaje y sonríes. Porque “soy fuerte y soy luchadora”.

Sin duda, eso es lo mejor de los regalos, la capacidad de hacernos felices.


NO ESTÁS SOLA

Quizá tengáis una onco-amiga 😉 amante de la tecnología. Y ya estamos nosotros corriendo a comprarle esa carcasa para su nuevo móvil que le haga presumir en sus periplos hospitalarios.

Lo se, tenéis razón, no la tienen para todos los modelos, pero en la web de Barbarella hay un montón de detalles solidarios con los que acertar. Pero si coincide con el tuyo corre porque están megabaratas y van a volar.


PARA MIMARNOS

Si me conocéis, cuando hace frío me veréis pegada a cualquier bálsamo labial. Los labios se me agrietan, me salen pupas y me encanta la sensación de tenerlos hidratados. Y mirad lo que he encontrado.

 

Es de la marca Equivalenza, y si pinchas AQUÍ encontrarás la más cercana a tu casa, porque, o no lo he encontrado, o no tienen venta online.

Por este año termino. Espero que, si tenéis idea de regalar un pedacito de “buenrollismo” os sirvan de referencia. Y si no os he ayudado, quizá los del 2016 o el 2015 os inspiren.

¡Os leo!

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Cuarenta y cuatro

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Me presento: me llamo Estefanía, y ayer cumplí 44 años.

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Como podéis ver, sin filtros, tengo bastantes arrugas en cara, ojos, cuello y escote. Muchas. Sobre todo, patas de gallo alrededor de los ojos, avisadas desde muy joven por mi madre, que siempre me advertía cuando me veía llorar de la risa. Y así sigo, intentando llorar de la risa todo lo que puedo. El escote es espectacular, ya os lo digo yo, pero la piel se resintió mucho tras la radioterapia, aunque la mime. Las manchas y verruguitas me hacen mucha compañía y por ahora las voy a dejar.

El pelo teñido. Ahora toca negro, aunque estoy pensando en un cambio radical que, si mi economía me lo permite, no dudéis que me pienso hacer. Hasta hace poco era rojo, he pasado por toda la gama desde el amarillo pollo. Y todo porque hace 10 años descubrí que el pelo crece, se puede cambiar, y, sobre todo, si se cae vuelve a salir. Aunque, desde hace ese mismo tiempo, o me tiño o mis canas protagonizarían todos mis looks, y a Amancio Ortega pongo por testigo que eso no lo voy a permitir. Y una lástima que no lo apreciéis en la foto, pero me recoge el pelo un precioso lápiz de publicidad, porque, día que vengo a trabajar con el pelo suelto, día que acabo con un recogido con lo primero que pillo.

Estreno presbicia y unas gafas monísimas, que prometo contaros en otra entrada porque tenemos ya una edad y hay que revisar todo, incluído vista y oído.

La sonrisa viene de fábrica, me la regalaron, y yo, en compensación, intento regalarla también, porque quedan ya pocas cosas tan económicas que me hagan sentir tan bien. Tras dos divorcios, un cáncer de mama bilateral, diez quirófanos en cuatro años, muchos quebraderos de cabeza personales y una familia marcada por un gen que me mantiene en permanente tensión, a día de hoy, puedo decir que mi sonrisa es sincera, me llena la cara y me achina los ojos, y lloro más de risa que de pena. Será que la vida es una balanza, y el otro lado me lo ha llenado de dos niñas que me dan absolutamente todo lo que necesito, una familia loca pero llena de piñones que mantienen la piña bien compacta, unas amigas/amigos que no quiero perder por nada del mundo, una genética sorprendente que me hace recuperar la salud tras los altibajos a la velocidad del rayo, y una vida laboral estable para que, mezclando todo, pueda mirar al cielo y dar las gracias a la única persona que le permitiré siempre manejar mis hilos desde su sofá de nubes.

Puedo ser la más gruñona y estricta

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La más gansa

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La más irónica

La más llorona y quejica

O la más divertida

La más mimosa

O la más listilla

Pero sobre todo, a mis 44 años recién cumplidos, soy FELIZ

Os leo!!

Consulta de suelo pélvico

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Varones que habéis caído por aquí, hoy los ojos masculinos quizá se sientan un pelín asqueados…. yo AVISO.

Lo prometido es deuda, y hoy os cuento mi visita a la consulta de suelo pélvico.

Después de seguir conviviendo con mi vejiga hiperactiva durante un año, entre infecciones y carreras al baño acabé en la sala de espera de la consulta de suelo pélvico, que físicamente es la misma de oncogine pero en otros días y con otra especialista.

Como era mi primera vez, empezamos con las preguntas de control: cuánto bebes, cuánto te levantas por la noche, cuánto aguantas…y ahora que me tenía en sus manos, las preguntas de verdad: manchas las braguitas, usas compresas, tienes pérdidas cuando toses, cuando estornudas, cuando te ríes, durante las relaciones sexuales…Concha Velasco anunciando ®Indasec era yo en ese momento, y eso que en mi caso todavía respondo que no a todas las preguntas.

Qué capacidad de sentirme vieja en dos minutos. No mayor, VIEJA. Esas cosas les pasan a las abuelas y es una auténtica verguenza… por favor, a mí no… pues ERROR, amigas. Es algo muy habitual, totalmente TABÚ, que sólo confesamos a veces a nuestras amigas más cercanas, pero nunca será un tema de conversación abierto. Y es algo que nos puede llegar antes o después, sobre todo si tenemos una menopausia provocada prematuramente, o más de tres partos, o hemos hecho algunos deportes de alta intensidad. Y lo mejor, antes de llegar, es PREVENIR. En casi todos los hospitales ya existe una unidad específica para ello, donde nos aconsejan, nos revisan, nos medican si es necesario, pero, sobre todo, donde se puede (se debe) hablar sin tapujos, sin disimulos y muy alto de las pérdidas de orina. (ale, ya lo he dicho).

La parte más vergonzante, aunque para mí fue la más divertida, es el momento potro de tortura. Todas llevamos ya en el cuerpo alguna revisión ginecológica subidas en ese bonito trono, totalmente despatarradas, con un par de ojos atentos a tus movimientos vaginales cual artista tailandesa haciendo por ahí pompas de jabón.

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Así tal cual, con la batilla y los calcetines (el mejor truco que he encontrado para no sentirte tan expuesta es vestido largo con botines. Así, si te dejan, sólo te deshaces de tu ropa interior) abierta como en tu noche más ardiente, escuchas una vocecilla que te va indicando: tose, empuja como en el parto, ahora no, ahora sí, y mientras , va comentando con la residente (sí, siempre hay otro médico en estos momentos) y moviendo su mano al compás, si ve lo que pasa y cómo lo valora.

Si os habéis fijado, os he dicho que para mí es la parte más divertida. Y bueno, no estoy del todo cuerda, pero no puedo evitar pensar en memes en esa posición, soy así de simple. Imaginad todo lo que da de sí la postura. Y para colmo, siendo la reina de los patosos, casi me tiro en plancha porque no esperé a que bajara del todo, me escurría constantemente hacia abajo y me daba la risa floja al subir. De todo menos tirarme un pedete, que ya hubiera sido el remate total.

Mi conclusión: que debo tomar menos café porque incrementa la frecuencia urinaria, reeducar mi vejiga yendo al baño más a menudo aunque no tenga ganas y no excederme con las bebidas (no más de dos litros al día). No era consciente de todo lo que bebo hasta que empecé a enumerar líquidos.

Vuestra conclusión (y no negocio): aquello de más vale prevenir que curar en este caso es frase a tatuar. Ante los primeros síntomas, cuéntaselo a tu ginecólogo/a.

Os leo!!

Lo mejor del día de ayer

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Ayer fue un día de los que quedan marcados en las agendas con muchas pegatinas y bolis de colores. Fue intenso, estresante, emocionante y divertido a partes iguales, pero lo disfruté desde que amaneció hasta que caí rendida entre almohadas.

Tras madrugones, besos mañaneros, peinados con lazo y deseos de días felices, primera parada: tocaba consulta de SUELO PÉLVICO. Prometo entrada contando el porqué y en que consiste, pero hoy no me da para más. Pero os anticipo que es una nueva especialidad a visitar y que debo tomar menos café como conclusiones fundamentales.

Tras especialista médico, jornada laboral, comida hiper rápida hecha por mi cachorra mayor, y cambio de modelo porque teníamos una INVITACIÓN muy especial.

 

 

foto

Ausonia y la Aecc cumplen 10 años colaborando en la lucha contra el cáncer de mama, y he tenido el enorme placer de colaborar con ellos con una sesión de fotos chulísima.

En maquillaje y peluquería, Yohana Rojas MakeUp. Madre mía lo que consigue con una sesión de chapa y pintura profesional. Un honor estar bajo sus pinceles y su plancha para el pelo.

Tras la cámara, Luis Barta. Hacía tiempo que no me reía tanto en público, a carcajada limpia, pegando gritos como una loca y, aún así, va Luis y consigue hacer una fotaza. Por no hablar de lo fácil que fue posar como profesionales cuando tan sólo éramos unas cuantas supervivientes con muchas ganas. Pinchad en este enlace y os haréis una idea 😉

https://drive.google.com/open?id=0B7CqeC7vM5oPQlNkWUs1ZUxfcTg

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Mabel&yo

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Yo&yo


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De derecha a izquierda: Olivia&Bárbara&Mabel&yo

El equipo de comunicación de Ausonia pendiente de nosotras, tratándonos como si fuéramos las estrellas más codiciadas del momento, y cuando todo es así de bonito, el resultado es perfecto.

El colofón, asistir ayer a su presentación ante los medios de comunicación en el Palacio de Neptuno, tan desconocido para mí como impactante, con madrinas famosas como Marta Sánchez, Terelu y Edurne. Y allí estuvimos mi cachorra mayor y yo, ella eclipsando a cualquiera con su belleza adolescente, y yo disfrutando como una loca con tan sólo verme allí.

Pero lo mejor del día aún estaba por llegar. Después de deleitarnos el paladar (mi hija más que yo, todo hay que decirlo), salimos volando porque al otro lado del mundo, el real, donde nos esperaba una rubia que estaba de cumpleaños. Mamás majas habrá en todos vuestros coles, seguro, pero yo tengo la suerte de rodearme de un buen puñado de las mejores, que se encargan de mi pequeña cuando mi vida de famosa me reclama (juas, juas).

Nada más llegar, ya finalizando el cumple, vienen a buscarnos porque había concurso madres contra hijas. Y allí fuimos, a bailar sin ningún ridículo impedimento. Mi cachorra mayor no sabía dónde esconderse, hay que ver lo rápido que olvida que hice lo mismo mil veces por ella. Y, como no podía ser de otro modo, tanta tontería dio su resultado, y fui….LA MAMÁ GANADORA de la tarde!! Ole y ole, una hora gratis en un parque de bolas me gané!

Como buena mujer superviviente, ayer fui paciente, trabajadora, famosa por horas, onco-blogguer, pero, sobre todo, fui MAMÁ. Ya os contaba hace tiempo que es el trabajo perfecto.

Os leo!

Recuperando la neurona

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Si has pasado, estás pasando o acompañas a alguien que pasa por un proceso de quimioterapia como tratamiento para el cáncer, seguro que ya sabes de lo que voy a hablar. Para todos los demás, mi más efusiva bienvenida a un cerebro vacío.

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Sí, amiguitos, queramos o no, la quimioterapia actúa tan tan bien, que achicharra todo lo que se mueve por tus interiores, incluida la pobre y única neurona que tenías funcionando.

Hay multitud de artículos que documentan este dato, pero ya sabéis que ni soy médico ni lo quiero ser, por lo que eso se lo dejo a tu especialista y yo os traslado mi experiencia personal y algún que otro truquito que a mí me ha venido muy bien.

Los expertos reconocen que las secuelas neurológicas pueden aparecer incluso años después de terminar el tratamiento, y pueden variar dependiendo del tipo de cáncer, de la duración del tratamiento, de la combinación de quimioterapia empleada o de la dosis de fármacos acumulada. Un estudio de la misma universidad señaló recientemente que hasta el 30% de las mujeres con cáncer de mama sufría algún tipo de secuela cognitiva dos años después de la ‘quimio’ (EL MUNDO, 24/08/2008) Sólo un ejemplo.

Os confieso que los primeros meses lloraba como una niña chica porque no pillaba los chistes. Ya me váis conociendo, y mi sentido del humor me acompaña siempre. Y perdí esa chispa, pero no sólo eso: no comprendía la chispa de los demás y pensaba que se reían de mí. Hasta que, durante una sesión de radioterapia, comentando lo “pava” que estaba, me aclararon que no, no me había vuelto tonta (más aún), era un efecto de la quimioterapia que tardaba en irse.

A partir de ahí, intenté perdonarme por:

  • No poder leer un libro porque al día siguiente no recordaba ni una palabra de lo leído.
  • No acercarme a cualquier tipo de formación o curso porque no era capaz ni de repetir lo básico.
  • Tener que gastarme un potosí en agendas cuquis que me salvaran de perder citas médicas, cumpleaños o reuniones del cole.
  • No acordarme del nombre de algún conocido cuando, detrás de una gran sonrisa, se interesaban por mi salud.
  • Quedarme en blanco durante una conversación, daba igual si seria o banal.
  • No recordar lo que comí ayer, y poner tortilla hoy y huevos fritos mañana.
  • Llevar a las consultas médicas listas interminables de preguntas porque, cuando me surgía la duda, o lo apuntaba o quedaba en un cajón de mi cerebro del que nunca encontré la llave.
  • Cambiar las noticias por los Simpson , porque me aburrían tanto que prefería mil veces a Homer que al presentador del informativo de las tres.

Hubo mil detalles más que me llevaban por la calle de la amargura, porque me cuesta mucho perdonarme, porque mi perfeccionismo conmigo misma (valga la redundancia) es casi enfermizo, y, fundamentalmente, porque nadie me informó correctamente de por qué sufría aquello y del futuro lleno de purpurina que llegaría.

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Y en ese futuro estoy, volviendo al instituto para mejorar mi vida laboral, presentándome a oposiciones internacionales que me suben la autoestima hasta el infinito, leyendo todas las noches antes de que Morfeo me abrace, integrada 100% con el mundo de la prensa. En definitiva, lo que era Estefanía A.D.C (antes del cáncer).

Por si quieres intentar alguno, te digo “detalles” que me han ayudado (mucho) a llevarlo mejor:

  • Si te gusta leer, no renuncies. Pero adapta la lectura. Yo encontré verdaderas joyas facilonas, ágiles, sin que necesitaras recordar muchos datos y ligeros. Os aseguro que terminar cualquiera de ellos era una sonrisilla para mis adentros y Obama susurrándome en el oído “Yes, we can”.
  • Hay mil millones de modelos de agenda. Si sigues de baja médica, por ejemplo, dedícate una mañana a pasear por cualquier librería ojeándolas, eligiendo, imaginándote para que usarlas y si son útiles. No pasa nada por depender de unas hojas preciosas llenas de pegatinas molonas y escritas en bolis de colores. Y si eres tan digital como yo, hay muchas aplicaciones que no dejarán ni un solo dato al aire. A por ellas!!
  • Un poco de esfuerzo, sin caer en la rutina, por tu parte. Metas muy muy pequeñas, alcanzables, que no te frustren si no llegas. Da igual: hacer el cálculo de los deberes de tus cachorros, intentar calcular el importe de la compra cuando llegues a caja…todo vale para despertar a la neurona durmiente.
  • Si eres fanática de la tecnología, como yo, quizás lo tengas un poquito más fácil. Hay mil juegos de memoria, cálculo, o cualquier cosa que te haga mantener la mente despierta y encima sea agradable. Si me conocéis, sabréis que he estado enganchada al Candy Crush®,  al Picross, Sudokus, aquel japonés que te activaba la memoria desde una Nintendo Ds®…Vale que soy una viciada, pero siempre lo he hecho pensando en recuperar mi 100% mental (excusa válida para hijas adolescentes que te regañan por llevar muchas horas con la tablet)
  • El CROCHET. Mi descubrimiento más bonito, porque, además de tenerme activa, el resultado no me puede gustar más. He hecho ya casi de todo: cestas, bolsos, bolsas, diademas, zapatillas, bufandas…y lo que más me gusta es que, para colmo, relaja. Al tener la mente entretenida en puntos altos, bajos, cadenas y vueltas, olvidas tus penurias por un ratito, concentrada en que te cuadre ese punto puff que aprendiste anoche.

Espero que alguno de mis “truquis” te sirvan. Y, por supuesto, estoy deseando que me cuentes los que te funcionaron a tí.

Os leo!!

Si estuviera él…

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Si estuviera él…

Ayer fue un día raro. Aunque exactamente no se si raro es la palabra perfecta para definirlo.

Se juntaron las cosas del cielo, tan idílicas, tan mágicas, las que añoro, con las terrenales más feas, desagradables y malolientes que me puedan pasar. Y me pasé todo el día pensando en él, exactamente en si hubiera estado él conmigo.

Un 21 de septiembre habríamos intentado pasarlo juntos, en su Talavera, que para eso son las fiestas de San Mateo y los abuelos están preparados y listos para darlo todo en los atronadores cacharritos.

 

Un 21 de septiembre habríamos cerveceado en cualquiera de nuestros sitios favoritos, que eran son unos cuantos, tomando un aperitivo tras otro e, incluso, prendiendo servilleta y brindando bien fuerte.

Un 21 de septiembre habríamos hablado de lo nerviosa que estoy porque me tocan las revisiones semestrales, del conflicto con el Referéndum, del mal estado del río Tajo y la vergonzosa pasividad de los políticos.

Pero, sobre todo, un 21 de septiembre habría abrazado con locura a su morena, se habría partido de la risa con la rubia y sus locuras, se habría vuelto sordo de tanto “Abuelo, Abuelo”, habría sido el pavo real con las plumas más llamativas del ferial, porque estaría rodeado de lo que más quería en esta vida, su FAMILIA.

 

En cambio, este sexto 21 de septiembre en el que él ya no está, he tenido que pasar una mañana tensa aunque necesaria. No he viajado a su Talavera. No ha habido cacharritos, aunque sí brindé por él, capturé el amanecer más bonito porque era un apasionado de la fotografía (es la foto de arriba), me sentí muy orgullosa de mis niñas por motivos muy distintos pero igual de importantes, reí hasta llorar y lloré de rabia, me pudo la congoja en algunos momentos, pero creo que conseguí que el 21 de septiembre siga siendo SU DÍA, y ni nada ni nadie sea capaz de cambiar eso.

Felices 79, papá. La celebración cambiará, pero el motivo jamás lo hará.

Te quiero, te queremos, y siempre seguirás siendo el único hombre de mi vida.

Os leo!!