Deben ser las bajas presiones, el viento, o la falta de sol, pero mi cabeza está a punto de estallar.
Ni estornudar puedo sin tenerla que sujetar por si explota.
Ayer pasé una mañana piscinera, yo en Madrid con la sirenita participando en su primera liga como federada, y mi corazón en Talavera, en el II Memorial Antonio Soriano de Natación.
Las dos cosas salieron fenomenal, aunque el viajecito madrugador bajo el diluvio universal me tuvo 35 minutos con el alma en vilo.
No puedo evitar, cada vez que llueve, recordar el aquaplanning que me hizo estrellarme contra un muro.
El contacto de la rueda con el charco consigue ponerme los pelos de punta.
Y poco más que os pueda contar. Abrigaos mucho, que parece que llega el invierno de verdad.
Os leo!!