Por fin un rato tranquilo en cuatro días de auténtica locura. No os voy a contar cómo ha ido la mudanza porque casi todos habréis pasado por una y ya sabéis cómo es. Fácil imaginar mi dolor en general, y en particular en la rodilla porque, torpe que soy, he probado la calidad del suelo con ella. Eso y las gotas de activador de lavado en mi ojo izquierdo han sido las novatadas que me ha hecho pasar la nueva casa. Nada que no se cure con agua y trombocid®.
En casa hemos cambiado la dirección no sólo en el sentido postal. Ahora encaminamos un futuro nuevo, amplio, lleno de sol. Ya tocaba lo bueno, y hemos empezado con lo que más necesitábamos. La sonrisa en la cara de los tres mayores nos sale sola, sin forzar. La pequeña disfruta a 100 kms ajena a los cambios. Mañana esperamos ansiosos ver su carita cuando entre a su nuevo cuarto.
Y con todo el movimiento, mis cicatrices andan pelín resentidas, aunque prometo que no he cargado peso y he cuidado mucho mis brazos, pero anoche tenía que andar exageradamente recta, tiraba la espalda de mí hacia atrás sin control.
Pensé en aprovechar la consulta con mi doctora de cabecera para que me echara un vistazo, pero sigue de huelga indefinida y me han dado cita para dentro de una semana. Todo un puente tranquilo y sin horarios serán mi química curativa, y mientras tanto, mi incorporación al mundo laboral se sigue postponiendo.
Todo esto os cuento hoy. Espero que halláis disfrutado del fin de semana en vuestras casas ordenadas y sin cajas de por medio.
Hasta el jueves. Os leo!