Ese domingo sin alarma, en el que abres los ojos, miras al reloj y sonríes; te puedes volver a acurrucar como mínimo un par de horas más.
Ese saludo de tus cachorras cuando llevan más de siete horas sin oírte.
Esas esperas para nuevas actividades, fotos de carnet y zapatillas de ballet.
Ese amanecer desde la habitación del balcón.
Esas risas sin control sentadas en el sofá.
Esas sesiones de manicura interminables que acaban con el mismo color de la semana anterior.
Ese café reposado, ese que te deja el mejor sabor de boca, que te hace comenzar la rutina con mejor ánimo.
Ese olor a libro nuevo, a forro y marcadores, como todos los años, con burbujas indestructibles que os acompañan todo el curso.
Esos saludos en la puerta del cole mezclados con los nervios del primer día, las mochilas y los zapatos impecables.
Esas mañanas de cazadora vaquera y olor a otoño.
Esas tardes de juegos sin deberes.
Ese cumpleaños agridulce que me recuerda lo mayor que se hacen, que nos hacemos. Que unos vienen
y otros van, que faltan, que sobran.
Eso quiero. Eso es septiembre. Una y otra vez, un principio de etapa, de trimestre. Propósitos por cumplir.
Os leo!!
Jajaja que razón llevas Mari!!! Aunque echo de menos ese intercambio de lista de libros y de citas para uniformes, esas reuniones matutinas en la «oficina» jajaja… Ains que tiempos…. Bueno para cuando??? Besazos
Aroa, cuando quieras. Yo tengo la suerte de empezar el curso de baja, así que en la oficina estaré 😲
Que bonita entrada!!!!
Gracias, Ana 😉