
Yo no se a vosotras, pero a mí la menopausia me ha trastocado el sueño. Y no, no te esperes que sea insomnio, sí y no. Me he pasado estos días de descanso durmiendo como si me hubiera pinchado el dedo en una rueca embrujada. Y justo cuando necesito descansar, cuando el despertador me marca el ritmo, mis párpados no quieren juntarse y me dan las tres de la mañana tan despejada como ahora mismo.
Será la primavera, el cambio de hora, mis biorritmos o mi bipolaridad, pero no tengo un término medio. El invierno ha sido bastante regular, unas ocho o nueve horas de descanso seguidas, pero mi sueño ve a la primavera prepararse, y empieza a ponerse nervioso.
De ahí mi exceso de sueños, en plural. La cabeza es muy traicionera, por mucho que la despiste con una buena lectura o uno de mis mil juegos «antipensamientos», es capaz de seguir centrifugando sin parar. Pero estoy en un momento dulce, meses de tranquilidad médica, y me estoy permitiendo soñar: paraísos con palmeras y arena, futuros prometedores, bricolajes resultones…todo lo que me había prohibido a mí misma inconscientemente. Han sido años de centrar la atención en la salud y ahora, aún con miedo, me empiezo a permitir volar al futuro y verlo bonito…bueno, a verlo, que ya es bastante.
Pingback: El boletín del pensamiento « SdeSalud
Lo de la centrifugadora me suena… ¿sueños? quisiera pero… aunque lo necesito, cuesta soñar en este momento, eso que te repiten cada día de que el futuro no existe y que vivas el presente, pues en este momento me revelo a esa evidencia, porque me gustaría que fuera real y existiera ese futuro…eso me quita el sueño ultimamente pero afortunadamente sólo a ratos, esos en los que mis pensamientos se enredan sobre si mismos, efecto centrifugadora.
Me encanta leerte❤