Me duelen tanto los ovarios que parece que me va a bajar la regla. Claro, que en mi caso, eso es imposible. Mis ovarios deben andar en algún basurero médico, pero en su sitio ya no están.
Pero el dolor está ahí, llevo toda la tarde cambiando de postura a ver si se pasa, ducha calentita (antes funcionaba), y con ansia de chocolate.
El síndrome del miembro amputado de nuevo. Si, hago a todo, lo se. Tengo tantos vacíos en el cuerpo que mi intestino hace eco, pero es lo que hay.
Ya me ha pasado más veces, no es la primera, pero la búsqueda de chocolate es nueva. Lo se, todo está en mi cabeza. Igual que las miradas furtivas a las tripitas de las embarazadas. Miradas de envidia, de recuerdos, de impotencia.
Es curioso, no tenía en mi mente tener más hijos, estaba super segura de que mis ovarios tenían que dejarme para poder luchar contra “el bicho”, pero no puedo evitar la nostalgia al ver los embarazos, los bebés…Es una bobada, estoy de acuerdo, pero me hace sufrir. No siempre, va por temporadas, y seguro que no tiene fundamento médico, pero cuanto más pena siento por no poder engrendrar, más síntomas pre-menstruales padezco.
El poder de la mente. Ese que me tiene pensativa y triste, ese mismo que puede sacarme de la pena.
Mientras intento controlarlo, me voy al Carrefour a darme un paseíto por el pasillo de los tampax. 🙂