Ahora que acabo de dejar a la pequeñita y ya la echo de menos, os voy a hablar de partos…ya, yo tampoco entiendo que tiene que ver una cosa con otra, pero me ha venido así, que le voy a hacer!
Mis dos partos han sido en el hospital de Móstoles, y ese dato es lo único que han tenido en común.
Empezando por la paternidad y siguiendo con los protocolos, nada ha sido igual, dejando a un lado que entre uno y otro han pasado nueve años.
Con el primero me quedó un mal sabor de boca: embarazo estupendo, un susto en una prueba que hubo que repetir y al final solo fue un error de la máquina, sin amniocentesis, con ingreso a las siete de la tarde y parto a la una y media de la madrugada, con forceps, desgarrada, con epidural, luego sin ella, casi desangrada, con taquicardias, la pequeña con bradicardias, al final con anestesia general y una infinidad de puntos que nunca conseguir saber con exactitud cuántos fueron.
En cambio con el segundo quedó un recuerdo muy dulce: también embarazo estupendo, sin amniocentesis, muy mimada médicamente por ser un embarazo «especial» pero no de riesgo, con multitud de dudas, porque no se conocen muchos casos todavía de embarazos tras quimioterapia, con ingreso a la una y parto a las dos y diez, con epidural, casi sin dolor, casi sin puntos.
Y al final, el mismo resultado: dos bebés preciosas y sanas que son el mejor motivo por el que he estado hospitalizada.
Por eso, desde que he sido madre por segunda vez, he dejado de dar consejos a las embarazadas; sólo las deseo un parto tan bueno como el mío. Desde que nacemos, cada uno tenemos ya personalidad propia; bueno, y los segundos y siguientes, una ayuda física considerable, que junto a la experiencia de la madre, hace el camino un poquito más fácil.
Ya os dejo. Feliz tarde de niebla.
Dic8