Una de las consecuencias de una menopausia prematura es el desgaste, también prematuro, de la masa ósea de mi cuerpo. Me salva mi pasado deportista y mis kilillos de más, para algo tenían que ser buenos, ya lo sabía yo.
Para evitar futuros riesgos, los ginecólogos de hoy en día, preocupados por mi juventud (ejem, ejem) y mi vida personal, tratan de paliar las secuelas con tratamientos alternativos y controles exhaustivos de mis huesos, por lo que me han mandado una densiometría.
Parece ser que el Hospital de Móstoles no posee la maquinaria adecuada, y me mandaron al Hospital Santa Cristina, frente a la maternidad de O’Donell. Un edificio de consultas muy moderno y sorprendentemente silencioso.
La prueba en sí dura unos diez minutos. Te desnudas y te pones esa bonita bata verde abierta por la espalda. Te tumbas en una camilla con una plancha de rayos encima. Es abierta, como en radioterapia, así te evitas la claustrofobia que puedas sentir en una resonancia o en un TAC. El técnico se sienta a controlar la maquinita, y empieza el ruido y el movimiento, curioso, porque se mueve tanto la placa como la camilla.
Primero te ponen las piernas en alto sobre un cojín, y luego las bajas para terminar.
Y listos! En lo que te cambias, te dan un sobrecito con los resultados, y hasta otra.
Cotilla que es una, mirando en páginas médicas, hay dos valores de medida: sobre población de 30 años (T), y sobre población de tu edad (Z). Según esos datos, mi columna y mi fémur están perfectos para mi edad, por lo que el tema óseo deja de preocuparme por ahora.
Y las lecciones de la cutre doctora terminan por hoy. Espero que os sirva para ir tranquilos si os mandan una.
Un besazo. Os leo!