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Miedos

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Ya se que es el final 
no habrá segunda parte. 
Y no se cómo hacer para borrarte

Miedo M-Clan

Mi canción de amor preferida, que yo, como con otras muchas, utilizo para cantarle a cualquier otra cosa.

En este caso, M-Clan describe a la perfección la despedida, la ruptura, el adiós definitivo que en el fondo no deseas que lo sea, afrontar que se acabó.

Pues bien. Ese mismo sentimiento es el que tengo hacia la enfermedad en general, y hacia el cáncer en particular.

Os parecerá extraño, pero el tiempo que pasas oficialmente enfermo te sientes extremadamente protegido: médicos, enfermeras, asociaciones, y, por supuesto, familia y amigos. Todos, en su medida, se encargan de todo para que tú estés centrada en curarte. Pero, una vez que ese período pasa, te enfrentas a la vida real, en la que los médicos y enfermeras siguen volcados con otros pacientes, las asociaciones continúan su andadura, y tu familia y amigos sonríen porque “habéis” superado la enfermedad.

Pero….quién te acompaña en tus miedos? Quién va a entender que necesitas tener consultas cada tres meses, porque te da miedo pensar que cada seis es tarde si “el bicho” vuelve a aparecer; que, después de aprobar con nota cirugías de ocho horas, una simple resonancia te hace llorar; que miras a tus hijas y sólo piensas en cómo hacer para que ellas no tengan que pasar por todo ésto.

Parece increíble, pero la caída posterior es desde mucho más alto que tus miedos previos. Toda esa información que has ido acumulando en un rinconcito aletargado de tu maltrecho cerebro, de golpe, sale para atemorizarte, aprovechando que empiezas a ser persona y a enterarte de todo lo que ocurre a tu alrededor.

No es fácil, os lo aseguro. Y soy afortunada porque mi mal momento posterior ya se va desvaneciendo, pero, hablando hoy con una valiente, he odío en sus palabras lo que mi cabeza me transmitía hace tan sólo unos meses. Desgraciadamente, ésto no ha terminado, aunque queramos pasar página. Sí, la pasamos, pero todavía no podemos poner el fin y cerrar la tapa.

Aprenderemos a vivir así? Pues claro. Pero eso no significa que agradeceremos, y mucho, sentirnos arropados tras una rutinaria consulta, porque para tí es eso, pero para nosotros, son horas de remover sentimientos, temores, dudas y miedos.

Y en esto se ha convertido mi post de hoy, en una llamada de atención a todos los que pasáis con nosotros cada paseo por las consultas médicas: claro que estamos curados, claro que somos unos campeones que hemos pasado mil momentos peores, pero todo eso no nos ha convertido en piedras: nos seguimos derritiendo con un vinito para celebrar que sigue todo bien, un desayuno especial porque los cuatro tubos de sangre no nos han dejado moratón, o un abrazo inmenso al salir de la dichosa resonancia.

Somos guerreros valientes, pero os seguimos necesitando.

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Os leo!!

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Densiometría

Estándar

Una de las consecuencias de una menopausia prematura es el desgaste, también prematuro, de la masa ósea de mi cuerpo. Me salva mi pasado deportista y mis kilillos de más, para algo tenían que ser buenos, ya lo sabía yo.

Para evitar futuros riesgos, los ginecólogos de hoy en día, preocupados por mi juventud (ejem, ejem) y mi vida personal, tratan de paliar las secuelas con tratamientos alternativos y controles exhaustivos de mis huesos, por lo que me han mandado una densiometría.

Parece ser que el Hospital de Móstoles no posee la maquinaria adecuada, y me mandaron al Hospital Santa Cristina, frente a la maternidad de O’Donell. Un edificio de consultas muy moderno y sorprendentemente silencioso.
La prueba en sí dura unos diez minutos. Te desnudas y te pones esa bonita bata verde abierta por la espalda. Te tumbas en una camilla con una plancha de rayos encima. Es abierta, como en radioterapia, así te evitas la claustrofobia que puedas sentir en una resonancia o en un TAC. El técnico se sienta a controlar la maquinita, y empieza el ruido y el movimiento, curioso, porque se mueve tanto la placa como la camilla.
Primero te ponen las piernas en alto sobre un cojín, y luego las bajas para terminar.
Y listos! En lo que te cambias, te dan un sobrecito con los resultados, y hasta otra.

Cotilla que es una, mirando en páginas médicas, hay dos valores de medida: sobre población de 30 años (T), y sobre población de tu edad (Z). Según esos datos, mi columna y mi fémur están perfectos para mi edad, por lo que el tema óseo deja de preocuparme por ahora.

Y las lecciones de la cutre doctora terminan por hoy. Espero que os sirva para ir tranquilos si os mandan una.

Un besazo. Os leo!