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Acerca de adioslolasadios

46 años en la actualidad, 33 cuando enfermé, madre de dos hijas, talaverana de nacimiento, madrileña "de las afueras" de adopción. He pasado por una oposición, dos divorcios, un accidente de tráfico, un cáncer bilateral de mama con 33 años , 8 sesiones de quimio, 33 de radio, una lipoestructura, que no lipoescultura, saber que tengo un gen pocho que me hacer ser paciente de alto riesgo, quitarme los ovarios y su menopausia prematura, unas cuantas biopsias, y en el 2011, una mastectomía bilateral y su posterior reconstrucción. Convivo con alguna secuela y me encanta sonreir. Vamos, que ya era hora que me desahogara, ¿que no?

Aprendiendo a comer

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Hola de nuevo.

Os dejo un texto que tenía por ahí.

¡Os leo!

Desde que cumplí los 20, vivo a dieta.

He probado todas las posibles: disociada, sin disociar, con pollo, con melocotón, solo piña, solo aire, con la fruta previa a la comida, con la fruta después de la comida, con proteínas, con hidratos, con nombres suecos, de tres comidas, de siete comidas, de enfermeros, de médicos, de gurús, de influencers, líquida, sólida, pagando, sin pagar, rápidas, eternas…y desde la llegada de internet, la locura extrema: batidos, cafés mágicos, cacaos extremos…

Siempre he conseguido bajar de peso, con mucho esfuerzo y cara de acelga la mayoría de las veces -somos lo que comemos-, pero jamás he conseguido mantenerme una vez abandonada la restricción.

Efecto yo-yo lo llaman, efecto paraquetantoesfuerzosivuelvoaserunaVacaburraEncuantolodejo lo llamo yo.

He aprendido a conocerme, a convivir con mi barriga colgandera, a comprar bragas fajas, a huir de lo ceñido como de la peste, a camuflarme detrás del oversize -música para mis oídos-, pero eso jamás significará que me acepte del todo, seamos sinceras.

¿Me gusto? -Sí, y mucho.

¿Me gustaría mas con unos kilos menos? – Seguramente sí.

Me encantaría entrar en mil tiendas que tengo vetadas por no disponer de la XL, me encantaría ponerme un mono sin tener que cubrir mi barriga con un lazo enorme para no aguantar a mil indiscretos/as preguntando por mi embarazo, me encantaría cambiar de estilo.

Una cosa no quita la otra, pero, por fin, tras años de caraacelga, he llegado a conocerme tanto, que no ha habido manera de mentirme: Estefanía, hija, ¿pero tú comes bien?.

Porque, señores, pongamos las cartas sobre la mesa y las palmas hacia arriba: el aire no engorda, engordamos nosotras si comemos mal.

Cada donut nocturno pasa factura, cada plato de spaguetti carbonara rebosando nata pasa factura, cada croquetita de la mamma rebosante de aceite -uy, perdón, aove, que me salgo de la influencia- pasa factura.

Por todo esto, amiguitos/as, puedo daros por fin el secreto de la talla menos: COMER BIEN.

Aquello de la dieta mediterránea lo hemos ido aplicando como nos ha venido bien, y se nos han quedado en tierra muchas verduras, muchas frutas, la poca carne y el mucho pescadito. Por no hablar de las horas entre sol y sol sin parar de trabajar en el campo, que hemos cambiado por unas cuantas delante de las pantallas, mas otras cuantas apoltronados en el sofá para descansar de las anteriores.

Y no lo hemos inventado nosotros, sino nuestros abuelos y abuelas, aunque le ponemos nombre anglosajón, REALFOODER, y lo acuñamos como nuestro. ¡Ole nosotros!

Adiós a los bollitos envasados que nos salvan las meriendas colegiales, adiós a los postres lácteos llenos de azúcares y grasas. Volvamos al bocata de pan con chorizo de nuestra época EGB, al potaje, a tener en la nevera a rebosar los cajones de verdura y vacío el congelador de ultraprocesados.

Quizá, solo quizá, la talla menos que conservo desde el verano no sea un espejismo, sino reflejo de esa despensa llena de tomates con restos de tierra que me he traído del pueblo.

 

El cáncer de mamá (con acento en la “a”)

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El cáncer de mamá (con acento en la “a”)

Después de tanto tiempo, lo primero es lo primero: GRACIAS POR SEGUIR AHÍ.

No se si lo sabéis, pero las nuevas tecnologías se imponen, y ahora le doy menos a la tecla y más al REC, charlando a través de los stories de @elclubdelassupervivientes. Estáis invitados/as a poner la oreja.

Hoy os cuento una iniciativa de Geicam, Fecma y Novartis, que se han propuesto poner el acento en la investigación sobre el cáncer de mama….mejor dicho, el cáncer de mamá.

 

¿Has visto el vídeo? ¿Los pelos como escarpias? Desgraciadamente, es así de infantil, tan pito-pito-gorgorito, te puede tocar a ti esa lotería tan cruda que te deja marcada de por vida.

Creo que os lo he contado alguna vez, pero cada vez que mi rubia se cruza con una mujer calva, o con pañuelo, ella siempre dice: mira, mamá, esa señora tiene cáncer de mamá (con acento en la última “a), como tú. Porque para ella, que aún no ha visto el horror de la enfermedad, esas “señoras” tienen el cáncer de mamá, el que le he contado más de una vez, el que me hizo quedarme calva, el que me hizo decidir que quería darle una hermana a la morena, el que me hizo crecer y convertirme en una persona distinta, a mi gusto mejor, pero diferente.

Porque el cáncer de mama se puede convertir en el cáncer de mamá, o en el cáncer de hermana, o en el cáncer de amiga, o en el cáncer de compañera de trabajo (o compañero, que casos en masculino hay cada vez más).

Y la única manera de convertirlo en “anecdótico” (ojalá) es seguir invirtiendo en investigación, así de sencillo y así de complicado a la vez.

Tenemos la suerte de estar sanos, pero tenemos la enorme fortuna de poder colaborar para que lo sigamos estando, nosotros y los que queremos.

Os propongo un reto: vamos a donar 1 euro por cada “acento” que queramos poner: por nosotras, nuestras hijas, hermanas, amigas, compañeras de trabajo, vecinas….y por ellos, por supuesto. Pincha en el monigote rosa y COLABORA.

geicam

Espero ver muchas tildes rosas colaborando, poniendo #elacentoquelocambiatodo.

Un abrazo inmenso. ¡Os leo!…..o nos vemos por las redes 😉

Que la fuerza te acompañe

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Que la fuerza te acompañe

Hace poquito que una buena amiga ha entrado en el “lado oscuro” como cuidadora, un papel que siempre, siempre, viene sin instrucciones.

Yo me declaro mala cuidadora, no sabría ni por dónde empezar, no empatizaría para nada con el/la enfermo/a, no sabría sacar el lado positivo y, lo que es peor, no se si querría sacarlo.

Pero ella sonríe entre lágrimas, te cuenta sus penas con miedo a aburrirte, continúa (o lo intenta) con su rutina, intentando que la enfermedad que intoxica su casa no salpique fuera de ella.

Porque cuando el maldito bicho te pica, tu vida frena, pero el mundo sigue girando. Y tus amigos/as siguen mirando su ombligo, tu familia sigue celebrando la vida, las playas siguen abarrotadas, los aeropuertos siguen llenos de viajeros sonrientes, las cañas siguen saliendo igual de fresquitas del grifo, y los cafés siguen rodeados de conversaciones sin fondo. Y el enfermo está activando ese freno, concentrado al 100% en curarse, pero el/la cuidador/a no tiene acceso a esa llave: la vida  frenética lo sigue arrastrando, mientras un trocito del corazón lo deja en casa vomitando o con una quimio recién dada cuando se va al trabajo, el otro trocito, el que más disimula, se queda en el cole con sus cachorros, sus piernas tiemblan en la consulta del oncólogo y sus brazos siguen tecleando en su puesto de trabajo. Queda la cabeza, esa que ahora sólo la lleva porque va pegada al cuello, pero no está donde corresponde. Entre informe e informe su sangre se hiela porque le llaman del hospital, intenta prestar atención en esa aburrida reunión mientras calcula horas de la medicación, soporta la regañina por el último despiste mientras se escapa una lágrima que nada tiene que ver con lo laboral.

Querida Natalia, queridas natalias que estáis viviendo en el infierno: te admiro, os admiro.

Yo viví la película como protagonista, no como secundaria. Pero veo en mi madre vuestro reflejo, la cuidadora en mayúsculas, cuidando del amor de su vida y de sus tres cachorras sin descanso, con malas noticias encadenadas, de hospital en hospital, y me encantaría que fuerais testigos de las carcajadas que ahora, tras su paso por el infierno, suenan más fuertes que las nuestras.

Solo os puedo ofrecer mi fuerza, mi admiración y mi abrazo (físico o virtual, elige el que prefieras). Estáis haciendo el trabajo más difícil del mundo, y algo tan duro tiene una gran recompensa, no lo dudo.

En un día como hoy, donde se celebra el amor, nadie hará regalo más bonito que el vuestro.

¡Os leo!