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Rechazo

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Hoy tocaba consulta con enfermería para revisar cómo van esas cicatrices. Y llevo un par de días viendo una especie de costra azul, sobre todo en el lado izquierdo. Pues bien, he salido de dudas, no es costra, son los puntos internos, que parece ser, mi cuerpo está rechazando. Raro, raro, raro… Me han quitado tres, dos del lado izquierdo y uno del derecho, y pinta que me van a ir saliendo más.

Por lo demás, va todo bastante bien. El líquido no parece que vaya en aumento, tengo un estanque, dentro de poco crio ranas, ya veréis.

El lado izquierdo es el peor, y curiosamente la cicatriz que más puntos quiere expulsar. Me tira exageradamente, incluso el dolor va hacia la espalda, y me presiona tanto que a veces parece que me va a dejar sin respiración, pero debe ser lo normal, ha sido donde más han limpiado, y ya llevaba bastante acumulado: un tumor muy grande encapsulado, mas dos biopsias. Resentido podríamos decir que está. Si mi pectoral izquierdo hablara, me insultaría seguro!

Y poco más os cuento hoy.

Como siempre, muchas gracias a los que me facilitan que pueda venir tranquila a consulta porque se quedan con mi peque, qué haría yo sin tanta madre postiza!!

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Un poco de humor

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Hoy hace un mes del quirófano y os lo voy a resumir
en verso, que es algo absurdo, para intentarme reir.
Me he quitado las lolas, oh, Dios mío, es el fin!
Y paso a paso en treinta días os lo he contado aquí.
Ha sido muy doloroso, muchas grapas, eso sí
Líquido en el derecho y el izquierdo en frenesí
Infectado lo he tenido, antibiótico y febril
Pero de ésta he salido y contarlo conseguí.
He llorado, he reído, mala madre me sentí
pero todo ya ha pasado y a la rutina volví.
Espero que día a día me acompañes para así
poder caminar contigo de la mano. Punto y fin.

P.D. Dedicado a Suelen, para que hoy no llore 😉

Vista atrás 2ª parte

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Recordando estos días todo lo que pasó hace cuatro años, impresiona ver cómo es de selectiva la mente con los recuerdos. Parece que está olvidado, pero en el momento en que te sientas a recordar, están ahí, nítidos, como si se hubiera detenido el tiempo.

Una vez que me hicieron todas las pruebas, recuerdo que era semana de cumples en el cole. Aunque todavía no sabía nada, el ánimo no estaba muy alto, pero ahí estuvimos, a la vez que preparábamos el sexto cumple de Berta, que sería la semana siguiente. Y recuerdo perfectamente la gente que decía aquello de “no te preocupes, que si fuera algo malo ya te habrían llamado”.

Pasó la semana, y el lunes, recién llegada a casa del trabajo, suena el teléfono. Coronel de Palma me cita para el día siguiente por la mañana. Y ahí llega el derrumbe. Todavía no lo has escuchado, pero ya sabes lo que te vas a encontrar.

Por la mañana, con los nervios a flor de piel, tanto de Jaime como míos, llegamos a Móstoles, y en la sala de espera está “el abuelo postizo” sentado. De la consulta sólo recuerdo un “no tengo buenas noticias” y ya no escuchar nada más. Sólo a lo lejos, algo de dos…… Perdone, me está diciendo que lo tengo en los dos? Sí….. Y la cara de la ginecóloga lo decía todo.

De ahí, llamada a Domingo y rumbo al hospital de Móstoles. Fuimos andando, y llorábamos, reíamos, volvíamos a llorar. Mi cabeza estaba en ebullición. No era capaz de sintetizar tanta información en tan poco tiempo. En el hospital, periplo por distintas consultas, caminando como en una nube, y llegamos al despacho de la Dra. de Dios. Es muy agradable dar con alguien que sabe lo que sientes, profesional pero tan cercano, que es capaz de hablarte en ese momento como necesitas, a la vez que va introduciendo en tu cabeza el concepto de la enfermedad. Recuerdo que la pregunté: Doctora, me va a curar, verdad?? En la sala de espera, un grupo de amigas a lágrima viva esperando para darme un abrazo. Ya os contaré más adelante, pero la vida te enseña que hay gente que sólo está para el “momento foto”, en el tumulto de los paparazzis, pero cuando de verdad los necesitas, huyen.

La llamada al trabajo también la recuerdo. Mi jefe tan noqueado como yo, que llamé para decir lo que habían encontrado y que no me apetecía ir al trabajo, porque aquel día estaba de tarde. Que ilusa, no era apetecer el verbo correcto.

Y viaje a Talavera para comunicarlo a la familia. Suerte que aquel día comían todos juntos en casa de los papis. Recuerdo sus caras de frente al decirlo, sobre todo la de papá, huérfano por un cáncer también. Nunca imaginaré lo que puede pasar por la cabeza de unos padres cuando les comunican una noticia tan cruel, y espero que nadie a quien yo quiera tenga que pasar por ello jamás.

Por hoy ya he abierto demasiado la herida, voy corriendo a por Betadine para poder seguir. Un abrazo.

Vista atrás

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Hoy que he tenido visita al oftalmólogo para revisar mi córnea tocada por los herpes (gracias, M.A), es buen momento para echar la vista atrás. Sobre todo por aquellos que no habéis sufrido conmigo la enfermedad.
En junio del 2007 me diagnosticaron un cáncer de mama bilateral. Si os lo preguntáis, no, no tenía ningún síntoma, fui porque en la mama izquierda palpé un “bultito” al que no hice mucho caso pero que, al volverlo a palpar días después, había crecido. Primera visita: médico de cabecera. Volante “preferente” para ginecología.
Segunda visita: doctora de empresa, Raquel, que me recomienda ir a urgencias y no esperar a la cita con el gine.
Tercera visita: camión de mamografías de la Aecc, que, casualmente, estaba en Arroyomolinos. No lo ponen fácil, no entro en el protocolo, y no me la hacen. Me mandan a urgencias del hospital.
Cuarta visita: urgencias del hospital. Eco, y cita “urgente” para una mamografía.
Y llega el día de la mamografía. Si alguna vez os han hecho alguna, me entendereis. Los nervios se hacen insoportables, se junta el dolor con el riesgo por el que estás allí. Recuerdo que salí con lágrimas contenidas.
Tienes que esperar antes de poder irte y, en esa ocasión, no salieron a decir que me marchara, sino a pasarme a la sala de al lado para una eco. Otra? Es lo que suena en mi cabeza.
Sala de eco, poca luz, y una doctora empieza a pasar el ecógrafo por el pecho izquierdo. Se para…vuelve a pararse…otra vez…aprieta más…
“-Te vamos a hacer una punción-” Treinta y tres movimientos circulares con una aguja muuuy larga en el pecho. Dolía, sí, pero la lágrima que caía era más de miedo que dolor.
Pasa al pecho derecho. Parece rutinario, se para menos, va más deprisa, hasta que vuelve a pasar, y otra vez, y otra…
“-Te voy a hacer otra punción, aguanta-” y de nuevo a contar hasta treinta y tres. No tengo ni idea del porqué ese número, pero contaba en bajito.
Al salir, Jaime esperando con cara de susto. No me han dicho nada, me llamarán.
Y ahí lo dejo. Esperad que me reponga en la memoria y os seguiré contando.
Hasta pasado mañana!

Cumpleaños feliz

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Fin de semana de cumpleaños. Carlota cumple un añazo ya, cómo ha pasado de rápido. La niña milagro la llamamos muchas veces.
Tenía claro que no quería tener más hijos. Una separación con una niña de dos años y medio, te deja claro que no quieres repetir experiencia. Jaime sí hubiera querido una familia numerosa, pero esas eran mis condiciones y él aceptó (otra muestra de amor?).
Pero llega un día, en nuestro caso un 16 de junio, que sentados en el despacho de una encantadora ginecóloga, la Dra. De Dios, no hace falta hablar, sólo con la mirada decides que no sabes cuánto tiempo vas a estar dando guerra, y por qué no, si en el fondo todos queremos.
Después de ocho sesiones de quimio, treinta y tres de radioterapia, y una consulta con el departamento de genética donde me confirman que soy portadora de una mutación en un gen, el BRCA1, lo que me hace propensa al cáncer ginecológico, y que puedo transmitirlo a mis hijos, decidimos, muy a pesar de algunos especialistas, que era nuestro momento. Había que intentarlo antes de quitarme ovarios, dos años de plazo, empezaba la cuenta atrás.
Y aquí estamos, preparando el primer cumpleaños de Carlota. Nunca digas nunca, hazme caso. Sólo debes estar convencido en cada momento que lo que estás haciendo es lo correcto.

Forrando libros

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Empieza el año (escolar) y vuelve la tarde más pesada forrando libros, tirando envoltorios, mirando lo que vamos a aprender…quinto de primaria, que vértigo! Menos mal que en unos meses volvemos a las plantillas, los colores y los trazos.
Y como todo principio de curso, yo también me forro. No económicamente, que más quisiera yo (por cierto, tengo un ático monísimo en venta), sino que me forro de buenos propósitos, como nos pasa a todos.
Este año no me he comprado ningún coleccionable (por ahora), pero buenos propósitos de septiembre sí tengo, y muchos. El primero y más importante, recuperarme por dentro y por fuera. Lo demás ni lo he redactado todavía en la lista imaginaria de cosas por hacer, aunque se sospechan. Ponerse metas a muy corto plazo es algo imprescindible en mi vida desde hace cuatro años, cuando la noticia de un cáncer de mama bilateral en un mes de junio partió mi futuro en dos, y se llevó por el camino todos los planes de aquel verano. Por eso, a corto plazo voy bien, me siento cómoda, y sobre todo feliz cuando voy cerrando objetivos y abriendo nuevos propósitos.
Largo plazo-0, Fany-1. Me gusta el resultado!

No al negro

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Cada dia que pasa me doy cuenta que voy a poder con ésto. Sí, poquito a poco voy soportando mejor las miradas, el tener las lolas descolocadas (soy un auténtico desastre), el tirón cuando levanto los brazos… Mirarme al espejo todavía cuesta, y los ojos de Berta cuando me mira también duelen, pero tengo que acostumbrarme a la sinceridad de un niño, la más cruel, pero a la vez la más gratificante.
Voy a hacerle caso a una buena amiga y os voy a contar un secreto. Como terapia particular, me estoy vistiendo con colores vivos, la campaña otoño-invierno está siendo NO AL NEGRO, y parece que funciona. Todas las mañanas abro el armario y las manos se van a alguna prenda oscura, y la lucha está en evitarlo. Vale, es una tontería, pero a mí me va bien.
Así que, cuando os cruceis con una pedazo de mujer 🙂 con las lolas algo descolocadas y vestida de fucsia, o verde, o azulón, saludadme, que soy yo. Que viva el color en todos los sentidos!