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Welcome, Abril.

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Vacaciones de Semana Santa concluídas.

Las mías, en el centro peninsular, pasaditas por agua. Y la lluvia ha cogido ritmo y no hay quien la pare. Y que poco me gusta.
Harta de las pisadas en la entrada, de el viento y el frío, del tendedero rodando por casa, del olor a húmedo del coche, de no poder ir al parque…

No me gusta, me recuerda a noviembre, a las lágrimas.
Necesito el sol calentando, las mangas cortas, los cafés y las terrazas, aprovechar mi ranchito para tomar vitaminas.

El cambio de horario ha sido la primera avanzadilla para engañarme pensando que el verano está cerca, aunque después de la granizada de mediodía, permítanme que dude del mes de Abril. Sobre todo, como buena refranera, haciendo caso del Abril aguas mil, o el Marzo ventoso y abril lluvioso que hacen de Mayo florido y hermoso.

Mis lolas van estupendas. Las cicatrices ya totalmente solapadas a las anteriores, ni una mínima gota de sangre he visto esta vez. Sigo con ellas camufladas las 24 horas por lo menos hasta el día 12, aunque ya lucen estupendas bajo camisetas olvidadas hace unos años en mi armario. Incluso me he atrevido a comprarme un biquini, y reconozco que me gusta mucho lo que veo de cintura para arriba. Lo demás lo obvio, como siempre. Confío que el moreno haga su papel y engañe a la vista. Aunque tuve que ir a cambiar de talla porque el primero no soportaba este volumen y dejaba al aire media lola por cada lado. No es que a mí me importe mucho, pero preveo horas y horas piscineras como madre, y no quiero asustar a los vecinos a las primeras de cambio.

Y así, quejica por tanta precipitación y contenta con mis lolas nuevas os dejo por hoy.
Siguiendo la cadena de positivismo que me ha llegado, os deseo un comienzo de rutina estupendo, sin sobresaltos, con novedades agradables para cada uno de vosotros.

Os leo!!

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Sofá y mantita

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Pasó el año, volvieron la pena y los recuerdos, las flores sobre el Tajo y la añoranza, pero sigue la familia arropando a esa mami derrotada.

Y se quedó la pequeña de terapia, haciendo todas sus tonterías juntas, porque parece que sabía que lo necesitábamos, que era la única capaz de sacarnos la sonrisa.

La vuelta a casa fue tensa, la lluvia me lo hizo difícil, las lágrimas también.

Y el fin de semana ha sido relajante, tranquilo, de sofá y mantita, sin horarios. Libros, juegos, lecturas y conversaciónes telefónicas, pensando ya en mi posible próxima incorporacion al trabajo.

Las noches revueltas, porque, de repente, me despierta un dolor horrible en mis lolas. No se si es la postura, los nervios, las ganas de cambiar expansor por silicona, pero duelen a rabiar, sólo en la noche. Durante el día todo normal, monísimas, mejorando mucho mi imagen rebotada del espejo, receptoras de miraditas, pero, ay la noche, cuánto dolor. Y no sabría explicar si es muscular, posicional o imaginario. No sé calificarlo.

Dudo si acercarme el jueves para que me vean, o sólo llamar y consultar, porque no veo motivo alguno, ahora que la piel ya está adaptada (creo). Podría ser la postura que cojo al dormir. Es lo que tiene soñar tan profundamente, que puedo romperme un brazo y ni enterarme. Aunque confieso que me preocupa un poquito.

Todo lo demás en su sitio. Mi sirena feliz en su mundo de cole y sincro, y yo feliz de ver cómo sigue creciendo sin mayor preocupación que un grano nuevo. Bendita infancia!!

Os dejo, que voy a intentar resumir un tema de Sociología y después hacer unos canelones. Estáis invitados.

Os leo

Noviembre

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Temido Noviembre:

Eras uno de mis meses preferidos. Celebraba contigo cada año que vine al mundo con frío y nieve, recibiendo besos, tirones de oreja y cajas con lazos.

Pero el año pasado dejaste que se fuera uno de los pilares de mi vida, y eso no te lo perdono.

Además, has empezado con lluvia, para recordarme el tiempo que veía desde los ventanales del hospital los últimos días.

Y has empezado con muertes, con la de tres niñas que sólo querían pasar una noche de disfraces, no vivir el miedo.

Me vas a seguir dando motivos para odiarte?

No me gustas, y lo que traes en tu calendario, tampoco. Se agolpan los recuerdos que espanté con sonrisas, y no tengo manos para frenarlos.

Que alguien me diga cómo pasarlo sin llenar los ojos de lágrimas y sin suspiros. Que alguien me diga por qué has tenido que llegar, Noviembre. Yo te saltaría, me gusta mucho más tu sucesor, aunque también ha perdido gas.

Tengo que sobrellevar la convivencia contigo otros 27 días más. Que sepas que lo hago obligada.

Atentamente: la hija de Soriano

Welcome, mr. Autumn

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Pues eso, que ya llegó el otoño. Pero he ido por delante, y por fin tengo hecho el cambio de armario.

Fin de semana de lluvia, siestas y paseos. Típico de este tiempo.

Y retomando la rutina del café en las tardes de entreno, con el libro bajo el brazo, y el propósito de aprovechar los ratos muertos para volver a estudiar.
Sí, los que me conocen saben que cada año lo intento, pero este año he bajado las ambiciones, y voy a probar con el primer semestre. Debe ser la envidia por ver a mi sobrina mayor emprender su nueva vida de estudiante universitaria.

Los paseos van viento en popa. Me duelen las piernas como a los habitantes de un geriátrico, lo que me alegra mucho, señal de actividad parada demasiado tiempo.

Y mis prótesis siguen tirando cada vez un poquito menos, hasta el jueves, que vuelvan a reventar mi delantera. Cada vez noto más el tirón, cada vez más tensas, pero cada vez más reales, asomando por las camisetas como hacía mucho tiempo. Tanto como cinco años, antes del primer paso por quirófano.

Y así pasan los días, como dice la canción. El próximo jueves os volveré a poner foto de mi escote, para que podamos empezar a comparar.

Feliz semana. Os leo!