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Otra vez

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Otra vez quitar adornos. Cada año me canso antes de la Navidad. Cada año tengo más ganas de quitar árbol, guirnaldas, belenes, de la vuelta al espacio libre. Tanto, que he guardado muy poco y he tirado mucho. Renovarse o morir.

Otra vez noche de nervios, globos inflados y paquetes bajo el árbol. Gritos, aplausos, ilusión y olor a nuevo. Deseos en cartas que volveré a releer pasado un año para sonreír comprobando todo lo que se ha cumplido.

Otra vez mi estómago al ralentí, sufriendo como nunca, ayudado por tanto omeprazol que tengo que ir de nuevo a la farmacia. Ni con el running noto mejoría. Temo vuelta al médico y mil y una pruebas.

Y otra vez le he echado tanto de menos que me duele el corazón. Cuántas risas hubiéramos compartido viendo la ilusión de la pequeña, las sorpresas de la mayor, la familia unida frente a un cocido de mamá.

Por eso quiero quitar todo lo que huele a Navidad, a esa silla vacía que no quiero ver. Pasan los años, pero la herida sigue sangrando a cada golpe.
Estamos todos los demás, sanos, llenos de ganas, pero en ocasiones solo con ganas no se arranca el motor. Duele intentar pensar sólo en la ilusión de los pequeños y no conseguirlo, sonreír mientras lloras por dentro. Cómo es posible que dos emociones tan intensas convivan con la misma intensidad. Es más, como es posible que una alimente a la otra.

Por eso, otra vez, le he pedido a los Reyes Magos mucha fuerza para superar mil y un momentos como el de esta mañana. Y otra vez estoy convencida de su capacidad de acierto. La necesito.

Os leo!

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¿Cómo lo hacen?

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¿Cómo lo hacen?

Me vais a perdonar, pero ando tan caliente con el tema económico que no he podido resistirme a compartirlo.

Os pongo en situación: Cuatro personas en casa, dos sueldos normalitos, y ni un sólo euro a final de mes, e, incluso, muchos meses antes del 20 dando bocanadas.

Sales una tarde cualquiera a comprar porque las niñas tienen la mala costumbre de seguir creciendo, y te encuentras un centro comercial lleno de familias como si no hubiera mañana después de una alarma nuclear, llenando los armarios con todo tipo de prendas, los zapateros con tacones y botines, las cajas de adornos navideños con objetos inútiles durante 11 meses y 15 días al año, su ego con el móvil última generación de moda que cuesta lo mismo que un alquiler mensual, su bolso con la nueva tablet que tiene funciones que nunca sabrán usar…en resumen, vaciando un bolsillo que parece no tener fondo.

Imagino que como yo, todos conoceréis casos de familias que no se pierden una, aunque tengan algún miembro en paro, o incluso los dos.

Vale que no nos podemos quejar, no nos falta de nada, si consideramos nada como bienes básicos e incluso algunos innecesarios, pero prometo que no puedo gastarme 700 euros en un móvil, que pinchar una rueda supone un varapalo del que me cuesta dos meses recuperarme, que este año he tenido que elegir entre pagar el alquiler o irme a la playa, que los adornos navideños se reciclan año tras año porque mi monedero no se deja abrir delante de las tiendas de decoración, que comemos dieta mediterránea a la fuerza, porque ultimamente no nos dá para consumir comida rápida….

Y por eso, cada vez que veo colas inmensas a las puertas de un restaurante, o delante de las cajas de tiendas prohibitivas, la pregunta siempre es la misma: ¿cómo lo hacen?.

Os leo!!